La aceptación
En distintas clases les he platicado sobre el derecho divino que Dios nos ha otorgado, me refiero al libre albedrío. A través de este derecho hemos tomado una serie de decisiones de gran trascendencia, como el de habernos retirado del corazón de nuestro Padre.
Cuando Dios nos dio a conocer este derecho divino, supimos que podríamos hacer y deshacer, crear, destruir y conocer todo lo desconocido. Esto era aplicable a todos. Arcángeles y ángeles participaron también en la decisión de separarse de la Fuente, para experimentar todo lo que pudiera experimentarse y conocer todo lo que no se había conocido hasta ese momento. Al separarnos, empezamos a perder vibración y cada vez que nos alejábamos más del corazón de Dios, la pérdida de vibración era cada vez mayor, en ese punto aunque quisiéramos regresar, ya no era posible. Era necesario recuperar la frecuencia vibratoria para poder soportar la inmensa energía del Padre.
Perdimos vibración y simultáneamente bajamos de dimensiones hasta llegar a niveles muy bajos. Quisimos experimentar en la materia y comenzamos a hacerlo en todas sus formas.
Ahora en nuestro tiempo, ya hemos experimentado todo en el mundo material, hemos sido también todas las personas, estamos dispuestos a seguir conociendo, aprendiendo y creciendo, pero ahora en mundos superiores.
Vivimos tiempos de cambios importantes y hemos empezado a despertar a un nivel de conciencia superior lo que nos lleva a subir nuestra vibración. Hoy sabemos que somos alma, conciencia y espíritu y que nuestro Yo Superior somos nosotros mismos con un entendimiento y conciencia muy por encima de lo podemos llegar a entender. Aceptamos que todo surge a partir del pensamiento y que cada palabra, acción y sentimiento, en algún momento afectarán nuestra realidad. Que nada nos puede suceder que no merezcamos vivir por efecto de creación o atracción. Sabemos que hemos venido a la tierra a aprender a ser felices y que encausamos nuestra vida a realizar un plan divino.
Si sabemos lo antes descrito, entonces aceptaremos de que los cambios suceden para hacernos mejores, que cambiamos lo que podemos cambiar y aceptamos generosamente los acontecimientos que no podemos cambiar con la ayuda de nuestro Yo Superior. Que cada situación que vivimos, es una oportunidad de tomar un aprendizaje y que podemos crecer a través de cada experiencia que tenemos.
Es tiempo de aceptar. Aceptar que ya hemos aprendido lo suficiente en este plano físico, que hemos tomado suficientes decisiones por nuestra propia cuenta y que es tiempo de crecer. Para lograrlo, dejemos nuestra vida en manos de nuestro Yo Superior que sabe perfectamente qué es lo que necesita nuestra alma para aprender y crecer, elevar nuestra conciencia y vibración. De esta manera, pronto emprenderemos el camino de regreso a casa, a nuestro verdadero hogar, el corazón de Dios.
¡Vive Reiki!
Adolfo Lobato
Me gusta:
Sé el primero en decir que te gusta esta post.